● Jueves, 20 agosto 2026 · 08:04 | +4.000 artículos · 37 secciones

Los Principados ocupan un lugar dentro de la jerarquía angelical cristiana asociado a la protección de colectividades humanas, especialmente naciones, ciudades o instituciones. Su función refleja la idea de que las comunidades también forman parte del orden espiritual.

Las Potestades constituyen uno de los coros de la segunda jerarquía angelical según la tradición cristiana, asociados a la protección del universo frente a fuerzas contrarias al orden divino. Su misión se centra en preservar el equilibrio y evitar la expansión del mal.

Las Virtudes forman parte de la segunda jerarquía angelical en la tradición cristiana, donde se las vincula con la transmisión del poder divino capaz de producir signos extraordinarios en la naturaleza y en la historia. Su nombre alude a la fuerza o energía que procede de lo sagrado.

Las Dominaciones constituyen uno de los coros angelicales intermedios dentro de la jerarquía celestial descrita por la teología cristiana, especialmente en la tradición medieval. Su función principal es ejercer autoridad sobre otros ángeles y asegurar que el orden divino se cumpla sin alteraciones.

Los Tronos forman parte de las categorías superiores de la jerarquía angelical según la tradición teológica cristiana, especialmente en los escritos atribuidos a Pseudo-Dionisio Areopagita. Se les asocia con la estabilidad del universo y con la manifestación de la justicia divina.

Los serafines constituyen una de las categorías más elevadas dentro de la jerarquía angelical descrita en la tradición bíblica. Su nombre procede de un término hebreo asociado al ardor o al fuego, lo que refleja su vinculación con la pureza y la cercanía absoluta a la divinidad.

Los querubines ocupan un lugar destacado en la tradición bíblica y en la iconografía religiosa como seres asociados a la custodia de la presencia divina. Su función principal es proteger espacios sagrados y simbolizar la inaccesibilidad de lo divino sin mediación.

Sandalfón es un ángel mencionado en la tradición mística judía y en diversos textos cabalísticos como intermediario encargado de recoger las oraciones humanas y presentarlas ante la divinidad. Su figura aparece vinculada a la dimensión espiritual del culto y a la comunicación entre el mundo terrenal y el celestial.

Metatrón es una de las figuras más enigmáticas de la tradición mística judía, especialmente en la literatura rabínica y en los textos cabalísticos, donde se le describe como el escriba celestial encargado de registrar y transmitir los designios divinos. Su nombre no aparece en la Biblia hebrea, pero su influencia posterior ha sido considerable.

Uriel es una figura presente en diversas tradiciones religiosas y textos antiguos, especialmente en escritos apócrifos y en la literatura judeocristiana primitiva, donde se le atribuye la misión de transmitir sabiduría y esclarecer verdades ocultas. Su nombre suele interpretarse como «Luz de Dios».