El Evangelio de María Magdalena
Un texto prohibido sobre conciencia, libertad y autoridad
Entre los evangelios antiguos existe uno que nunca pudo integrarse en la tradición oficial sin romperla desde dentro. No narra milagros ni genealogías, sino una conversación íntima, una revelación sobre el alma y un conflicto abierto por el derecho a interpretar la verdad.
Después de que el Salvador se fue, sus discípulos estaban tristes y lloraban amargamente.
Dijeron: “¿Cómo iremos entre las naciones y predicaremos el Reino del Hijo del Hombre?
Si no perdonaron a Él, ¿cómo nos perdonarán a nosotros?” Entonces María se levantó, los saludó y les dijo: “No lloréis ni os entristezcáis ni dudéis, porque su gracia estará con vosotros y os protegerá.
Más bien alabemos su grandeza, porque nos ha preparado y nos ha hecho humanos.” Y cuando María dijo estas cosas, volvió sus corazones hacia el bien, y comenzaron a recordar las palabras del Salvador.
Pedro dijo a María: “Hermana, sabemos que el Salvador te amó más que a las demás mujeres.
Dinos las palabras del Salvador que tú recuerdas, las que tú conoces y nosotros no, porque no las hemos oído.” María respondió y dijo: “Lo que está oculto para vosotros os lo anunciaré.” Y comenzó a hablarles así: “Yo vi al Señor en una visión y le dije: ‘Señor, hoy te he visto en una visión.’ Él me respondió: ‘Bienaventurada tú, que no has vacilado al verme, porque donde está la Mente, allí está el tesoro.’” “El alma dijo entonces: ‘Yo he reconocido al que es eterno, y he sido liberada de las cadenas del olvido.’” “El alma subió y encontró a los Poderes.
El primero era la Oscuridad.
El segundo era el Deseo.
El tercero era la Ignorancia.
El cuarto era la Ira.” “Ellos preguntaron al alma: ‘¿De dónde vienes, asesina de hombres? ¿O adónde vas, conquistada?’” “El alma respondió: ‘Yo he sido liberada del mundo y de sus ataduras.
Mi deseo ha muerto.
La ignorancia ha sido superada.
En un mundo he sido liberada de otro mundo.
Y mi cadena ha sido rota.’” “Y el alma pasó más allá de ellos y entró en el descanso.” Cuando María terminó de decir estas cosas, todos guardaron silencio, porque el Salvador había hablado con ella.
Entonces Andrés dijo: “Estas enseñanzas me parecen extrañas.
No creo que el Salvador haya dicho esto.” Pedro dijo: “¿Acaso habló en secreto con una mujer y no abiertamente con nosotros? ¿Debemos escucharla todos? ¿La prefirió a nosotros?” Entonces María lloró y dijo: “¿Pensáis que he inventado esto en mi corazón o que miento sobre el Salvador?” Leví respondió y dijo a Pedro: “Pedro, siempre has sido colérico.
Ahora veo que luchas contra la mujer como contra el adversario.
Si el Salvador la hizo digna, ¿quién eres tú para rechazarla?” Y comenzaron a ir por los caminos a anunciar el mensaje.
ASERTIVIA
«“Donde está la Mente, allí está el tesoro.”»
