● Viernes, 26 junio 2026 · 23:35 | +4.000 artículos · 37 secciones

asertivia

La prohibición de alimentar a las palomas en la ciudad italiana transformó una costumbre muy extendida en plazas y monumentos para proteger el patrimonio histórico.

✍️ Redacción · 📅 7/4/2026

Durante décadas, miles de visitantes llegaron a Venecia con la idea de fotografiarse rodeados de palomas en la Plaza de San Marcos. Hoy esa escena forma parte del pasado.

La Plaza de San Marcos es uno de los espacios más reconocibles de Venecia. El sonido de las campanas, la fachada de la basílica y el paso lento de los visitantes crean una imagen difícil de olvidar.

Durante mucho tiempo, esa imagen estuvo acompañada por cientos de palomas. Permanecían sobre el suelo, en las cornisas, en las mesas de las cafeterías y alrededor de quienes les ofrecían comida.

Era habitual ver pequeños puestos vendiendo bolsas de grano cerca de la plaza. Muchos viajeros compraban una para hacerse una fotografía rodeados de aves.

La escena parecía inseparable de Venecia. Las palomas se posaban sobre los hombros, las manos o la cabeza de quienes se detenían unos minutos en el centro de la plaza.

Sin embargo, aquella costumbre comenzó a convertirse en un problema. La cantidad de aves aumentó de forma constante y sus efectos empezaron a ser visibles.

Los edificios históricos sufrían un deterioro progresivo. Las fachadas de piedra, las esculturas y los elementos decorativos quedaban cubiertos por restos y suciedad.

La Basílica de San Marcos fue uno de los lugares más afectados. Sus mármoles, mosaicos y relieves requerían limpiezas constantes para evitar daños mayores.

Las palomas también ocupaban cornisas, tejados y ventanas de los edificios cercanos. La imagen romántica de la plaza empezaba a mezclarse con un evidente problema urbano.

A medida que crecían las bandadas, aumentaban también las molestias para los visitantes. Las aves invadían terrazas, perseguían comida y se movían entre las mesas.

En determinados momentos del día, caminar por la plaza obligaba a esquivar grupos de palomas. La situación dejó de resultar pintoresca para muchos habitantes de Venecia.

El Ayuntamiento decidió entonces prohibir la venta de alimento y sancionar a quienes dieran de comer a las aves en los lugares más turísticos de la ciudad.

La medida se aplicó especialmente en la Plaza de San Marcos, aunque después se extendió a otros espacios históricos y zonas concurridas de Venecia.

Desde entonces, alimentar a las palomas puede conllevar una multa. La norma no busca solo reducir el número de aves, sino proteger el patrimonio arquitectónico.

La ciudad comenzó a recuperar una imagen diferente. La plaza sigue siendo uno de los lugares más visitados de Italia, pero ahora resulta más despejada y tranquila.

Pasear por San Marcos durante la mañana permite observar mejor el conjunto de la plaza. Las fachadas, las columnas y las arcadas destacan con más claridad.

El sonido predominante ya no es el de las alas ni el de las aves agrupándose sobre el suelo. Ahora dominan las conversaciones, el eco de los pasos y la música de las cafeterías.

Venecia continúa conservando una atmósfera muy particular. Las calles estrechas, los puentes y el reflejo de los edificios sobre los canales mantienen intacto su atractivo.

Sin embargo, la ciudad ha ido cambiando ciertas costumbres para protegerse. Lo que durante años pareció una tradición inofensiva terminó dañando sus espacios más valiosos.

Quienes llegan hoy a la Plaza de San Marcos encuentran carteles recordando la prohibición. Muchos se sorprenden, porque todavía recuerdan fotografías antiguas de la plaza llena de palomas.

Esas imágenes pertenecen ya a otra época de Venecia. Una época en la que la ciudad aún permitía escenas que hoy resultan incompatibles con la conservación del lugar.

La prohibición también revela hasta qué punto Venecia vive en equilibrio entre el turismo y la protección de su patrimonio. Cada detalle puede alterar ese equilibrio.

Una simple bolsa de comida puede parecer algo insignificante. En una ciudad tan frágil y tan visitada como Venecia, termina teniendo un efecto mucho mayor del que parece.

ASERTIVIA

En Venecia, una bolsa de maíz para atraer palomas puede convertirse en una multa y en una forma involuntaria de dañar uno de los lugares más conocidos de Italia.