Libro de Enoc, el gran apócrifo del judaísmo antiguo
Un texto atribuido al patriarca Enoc conservado fuera del canon bíblico tradicional
El texto se atribuye a Enoc, bisabuelo de Noé según el Génesis (Génesis 5:21-24), figura que «caminó con Dios» y desapareció sin experimentar la muerte.
Sin embargo, los estudios lingüísticos indican que fue redactado por varios autores judíos entre los siglos III y I a. C., probablemente en Palestina.
El Libro de Enoc se conserva completo en lengua ge’ez, el idioma litúrgico de la Iglesia etíope, que lo considera canónico.
Fragmentos en arameo fueron hallados en Qumrán, entre los Manuscritos del Mar Muerto, lo que confirma su antigüedad y amplia difusión en comunidades judías del desierto de Judea.
La obra está compuesta por varias secciones independientes, entre ellas el Libro de los Vigilantes, el Libro de las Parábolas, el Libro Astronómico, el Libro de los Sueños y la Epístola de Enoc. Cada parte aborda temas distintos como cosmología, escatología y juicio divino.
En el Libro de los Vigilantes se narra cómo doscientos ángeles encabezados por Semihazah descendieron al monte Hermón y tomaron esposas humanas. Entre ellos aparece Azazel, figura asociada a la enseñanza de la metalurgia, la fabricación de armas y el uso de cosméticos.
El texto afirma que de estas uniones nacieron los Nephilim, descritos como gigantes que devastaron la Tierra. Ante esta situación, Dios ordenó al arcángel Rafael encadenar a Azazel y al arcángel Miguel castigar a los Vigilantes rebeldes.
El Libro Astronómico contiene descripciones detalladas de calendarios, movimientos solares y lunares y ciclos del año. Estos datos reflejan el interés de ciertos grupos judíos por establecer un calendario sagrado diferente al oficial del Templo de Jerusalén.
Autores cristianos antiguos como Tertuliano consideraron el Libro de Enoc como una obra valiosa, mientras que otros, como Jerónimo o Agustín de Hipona, rechazaron su autoridad. Aun así, el texto influyó en ideas presentes en el Nuevo Testamento, especialmente en la Epístola de Judas (Judas 1:14-15), que cita directamente una profecía atribuida a Enoc.
Durante siglos, la obra fue conocida en Europa solo a través de referencias indirectas hasta que el viajero escocés James Bruce llevó manuscritos etíopes a Occidente en 1773. Su traducción permitió redescubrir un documento clave para el estudio del pensamiento religioso judío precristiano.
Hoy, el Libro de Enoc se estudia como una fuente esencial para comprender las creencias apocalípticas, angelológicas y cosmológicas del judaísmo antiguo, así como su influencia en los primeros desarrollos del cristianismo.
ASERTIVIA
La obra describe la caída de los «Vigilantes», ángeles que descendieron a la Tierra y transmitieron conocimientos prohibidos a los seres humanos.
