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Bosque de Laurisilva

Un ecosistema relicto de la era terciaria conservado en las Islas Canarias, especialmente en la isla de La Gomera, provincia de Santa Cruz de Tenerife, España.

Por Redacción Asertivia
1/3/2026

Un bosque húmedo y siempre verde que sobrevive entre nubes gracias a los vientos alisios del Atlántico.

En las zonas altas y húmedas de las Islas Canarias, particularmente en el Parque Nacional de Garajonay en La Gomera, provincia de Santa Cruz de Tenerife, el Bosque de Laurisilva constituye uno de los ejemplos más completos de un ecosistema que dominó amplias regiones del Mediterráneo durante el Terciario.

Este tipo de bosque subtropical, hoy prácticamente desaparecido en el continente europeo, ha sobrevivido gracias a la influencia constante de los vientos alisios, que transportan aire húmedo desde el océano Atlántico y generan un fenómeno de niebla horizontal conocido localmente como “mar de nubes”.

Esta humedad persistente permite el desarrollo de una vegetación exuberante a pesar de la escasez de precipitaciones directas.

La estructura vegetal está dominada por árboles de hoja perenne pertenecientes a la familia de los laureles, junto a fayas, brezos arbóreos y otras especies adaptadas a condiciones de sombra y humedad.

Sus copas se entrelazan formando un dosel denso que limita la entrada de luz, creando un ambiente fresco y umbrío incluso durante las horas centrales del día.

Los troncos aparecen cubiertos de musgos, líquenes y helechos que retienen la humedad y contribuyen a la sensación de bosque antiguo.

El sotobosque es igualmente espeso, con una abundancia de arbustos y plantas herbáceas que prosperan en suelos profundos y ricos en materia orgánica.

El relieve es abrupto, marcado por barrancos profundos, crestas estrechas y pendientes pronunciadas que canalizan la humedad y generan múltiples microclimas.

Los senderos discurren entre laderas cubiertas de vegetación densa, atravesando zonas donde la niebla reduce la visibilidad y difumina los contornos.

En los puntos más elevados, cuando las nubes se abren, se obtienen vistas de gran amplitud sobre el océano y sobre las capas de nubes que envuelven las medianías de la isla.

Este contraste entre espacios cerrados y panoramas abiertos añade una dimensión cambiante al recorrido.

La fauna incluye aves endémicas como las palomas turqué y rabiche, adaptadas a alimentarse de los frutos de los laureles, así como reptiles y numerosos invertebrados exclusivos de este ecosistema.

La insularidad ha favorecido procesos evolutivos particulares, dando lugar a especies que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.

Los sonidos del bosque —cantos de aves, gotas de agua cayendo de las hojas, viento filtrado por la vegetación— crean una atmósfera acústica suave y continua.

Históricamente, la laurisilva cubría extensas áreas del sur de Europa y del norte de África, pero los cambios climáticos y la acción humana redujeron su distribución hasta convertirla en un ecosistema relicto.

Las condiciones geográficas de Canarias, con montañas que interceptan la humedad oceánica, permitieron su conservación en altitudes medias donde la temperatura se mantiene relativamente estable.

Hoy, estas masas forestales representan un patrimonio natural de gran valor científico y paisajístico.

Las estaciones influyen poco en el aspecto general del bosque, ya que la vegetación permanece verde durante todo el año.

Sin embargo, la densidad de la niebla y la intensidad de la humedad pueden variar, alterando la luminosidad y la visibilidad.

En los periodos más secos, la captación de agua procedente de las nubes sigue alimentando el ecosistema, demostrando la importancia de este mecanismo climático.

El Bosque de Laurisilva no impresiona por su altura ni por la presencia de grandes claros, sino por la coherencia de su atmósfera y por su carácter profundamente antiguo.

Es un paisaje donde la sensación predominante es la de estar en un entorno que ha cambiado poco a lo largo de milenios, un fragmento vivo de una era climática diferente.

Su valor radica en esa continuidad biológica y en su capacidad para mostrar cómo eran los bosques subtropicales antes de su desaparición en gran parte del planeta.

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«La laurisilva no parece un bosque europeo ni africano, sino un vestigio de un clima desaparecido.»

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